top of page

Cuando no conectas con tu terapeuta: una mirada humana y psicoanalítica

En el camino terapéutico —igual que en cualquier vínculo importante— hay procesos que inician, se desarrollan y también se terminan. Muchas personas llegan diciendo: “La terapia no me sirvió”, “No conecté con mi psicólogo” o “Tuve una mala experiencia y ya no confío en nadie más”.

Es más común de lo que crees, y tiene explicación.


Si sentiste que “no funcionó”, quizá lo que no se dio fue la conexión psíquica necesaria


En psicoanálisis entendemos algo fundamental:

para que el proceso avance, tiene que existir un lazo transferencial.

Sin esa conexión, no importa qué tan preparado esté el terapeuta ni qué tan dispuesto estés tú: el trabajo simplemente no puede desplegarse.


Y esto no significa que tú “hiciste algo mal”, ni que el terapeuta “no sirve”. Significa algo profundamente humano:


No todos los especialistas son para todos los pacientes… ni todos los pacientes para todos los especialistas.


¿De qué depende que esa conexión aparezca?


La relación entre paciente y terapeuta no es un ajuste racional, sino algo que se juega en el inconsciente. Algunos factores que influyen son:


El enfoque del terapeuta: no todos los estilos se adecuan a todas las subjetividades.


Los valores y la ética personal: el paciente los percibe, incluso sin ser expresados explícitamente.


La historia del paciente: cómo vivió la autoridad, el cuidado, el abandono, la confianza.


Y aquí quiero añadir algo de lo que casi no se habla:


También ocurre lo contrario: hay pacientes con historias con las que el terapeuta no puede trabajar


A veces el paciente trae un relato, una vivencia o una dinámica inconsciente que toca un punto ciego en el terapeuta:


porque no va con sus valores o posición ética,


porque hay un tema doloroso que el terapeuta aún no ha elaborado,


o porque esa historia activa una contratransferencia que desborda las posibilidades reales de acompañamiento.


No significa incapacidad: significa humanidad.

Así como el paciente tiene límites internos, el terapeuta también. Y reconocerlo —para derivar, cerrar o replantear el trabajo— es un acto de responsabilidad clínica.


Transferencia, contratransferencia y encuadre: el verdadero sostén del trabajo


En psicoanálisis no se trabaja solo con lo que se dice, sino con el vínculo que se construye (o no) en el espacio terapéutico. Este vínculo tiene tres ejes:


Transferencia: lo que el paciente deposita en el terapeuta: expectativas, heridas, deseos, afectos.


Contratransferencia: lo que el terapeuta siente y elabora frente a ese material psíquico.


Encuadre: las reglas y la estabilidad del espacio, que permiten que todo esto ocurra de forma segura.


Sin estos tres elementos, la terapia no avanza, aunque haya buena voluntad de ambas partes.


La conexión no siempre es inmediata… y no siempre es “bonita”


A veces la confianza surge desde la primera sesión.

A veces toma tiempo.

Y, curiosamente, a veces lo primero que aparece es rechazo.



Desde la mirada psicoanalítica, ese rechazo inicial es una señal invaluable:


¿Qué te hace rechazar al otro?

¿A quién te recuerda?

¿Qué historia se repite ahí sin que te des cuenta?


Muchas veces, esa incomodidad es el punto exacto donde empieza el trabajo profundo.


¿Y si no hubo conexión?


Entonces está bien cerrar ese proceso.

No significa que la terapia no funcione, sino que ese encuentro específico no tenía las condiciones para que algo se moviera.

Puedes buscar a alguien con otra mirada, otro enfoque, otra presencia psíquica.


Porque sí, hay terapeutas con quienes no conectarás.

Y también hay terapeutas con los que tu inconsciente hará clic de inmediato.

Y cuando eso ocurre, el espacio terapéutico se vuelve un lugar de transformación real.


Y esos encuentros —los correctos— pueden cambiar tu vida.


 
 
 

Comentarios


bottom of page